Una joven diseñadora de 28 años, vio cómo un incendio devoró su taller en Santo Domingo, donde confeccionaba uniformes médicos para clientes nacionales e internacionales.
Las llamas destruyeron al menos 3000 piezas terminadas, maquinaria nueva y un cargamento reciente de telas importadas de China.
Aunque admite sentirse «vulnerable», insiste en que su fe y la solidaridad de sus empleados y clientes la impulsarán a reiniciar.