La plaza de San Pedro se llenó de emoción y color con miles de venezolanos que celebraron la canonización de José Gregorio Hernández, el “médico de los pobres”, y de Carmen Rendiles, fundadora de una congregación religiosa.
La ceremonia, presidida por el papa León XIV, fue seguida con fervor desde Caracas, donde fieles de todas las tendencias se unieron en oración, dejando de lado por unas horas la polarización política que vive el país.
Más de 55.000 peregrinos asistieron a la ceremonia, muchos con banderas, camisetas e imágenes de los nuevos santos. La devoción hacia Hernández, fallecido en 1919, se mantiene viva por su ejemplo de servicio a los más necesitados y su reconocimiento como símbolo de fe y esperanza.
Su canonización fue aprobada por el papa Francisco, quien destacó la veneración popular que el médico ha inspirado durante generaciones.
Carmen Rendiles, nacida en 1903, también fue honrada por su entrega a la educación y al servicio a los pobres, pese a su discapacidad física.
Fundadora de las Siervas de Jesús, dedicó su vida a la enseñanza y a la atención de los más vulnerables. Los milagros atribuidos a su intercesión fueron clave para su canonización.
En Venezuela, la alegría se desbordó: familias, comunidades y parroquias siguieron la misa desde pantallas o altares improvisados.
En medio de la crisis económica y social, la canonización se convirtió en un símbolo de unión y esperanza, un recordatorio de que la fe puede sobreponerse a la adversidad y reunir a todo un pueblo bajo el ejemplo de dos nuevos santos nacionales.