
El dirigente político Abel Martínez aseguró que durante su gestión como presidente de la Cámara de Diputados renunció voluntariamente a varios beneficios que le correspondían, incluyendo una tarjeta de crédito de la institución, dos exoneraciones fiscales y una placa oficial de alto rango.
En una declaración pública, Martínez sostuvo que nunca usó estos privilegios y que eliminó el cofrecito vehicular asignado a su cargo, argumentando que «los privilegios no son para los servidores públicos».
El también precandidato presidencial relató una anécdota personal en la que un amigo le preguntó por qué devolvió estos beneficios, comparándolo con la dicotomía entre ser «palomo o tigre», mientras defendía su postura ética y su enfoque en la austeridad en el servicio público.