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El presidente de Francia, Emmanuel Macron, advirtió que su gobierno exigirá responsabilidades a quienes participaron en los disturbios registrados el sábado en varias ciudades del país, que dejaron más de 2,000 detenidos, alrededor de 500 agentes heridos y más de 1,500 comercios afectados.
Durante un discurso a la nación, el mandatario condenó los saqueos y la destrucción de edificios públicos, y aseguró que quienes incurrieron en estos actos deberán responder por los daños ocasionados.
También pidió investigaciones rigurosas y transparencia sobre la actuación de las fuerzas de seguridad.
Las protestas, convocadas por sindicatos, organizaciones estudiantiles y activistas, incluyeron incendios, destrozos y saqueos en París, Marsella, Lyon, Burdeos y otras localidades.
Uno de los episodios más graves ocurrió en Limoges, donde un incendio afectó el histórico ayuntamiento y provocó el derrumbe de parte de su techo.
Las autoridades estimaron que unas 550,000 personas participaron en las movilizaciones, mientras que los organizadores elevaron la cifra a cerca de 800,000.
Macron reconoció que algunos manifestantes tenían reivindicaciones legítimas, pero estableció una distinción entre quienes protestaron pacíficamente y quienes recurrieron a la violencia.
Los disturbios también intensificaron la confrontación política de cara a las elecciones presidenciales previstas para la próxima primavera.
La dirigente ultraderechista Marine Le Pen criticó la gestión del gobierno, mientras que el líder de izquierda Jean-Luc Mélenchon cuestionó la estrategia del primer ministro Sébastien Lecornu, aunque rechazó los saqueos y la destrucción.
Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que Francia estaba “ardiendo” y relacionó la situación con la inmigración; sin embargo, las autoridades francesas no atribuyeron los disturbios a ese fenómeno.
En paralelo, la fiscalía abrió investigaciones por lesiones graves sufridas por dos jóvenes durante las manifestaciones.