El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la decisión de lanzar la operación militar “Epic Fury” contra Irán se sustentó en informes de inteligencia que detectaron un supuesto programa secreto de enriquecimiento de uranio en una instalación no identificada previamente.
Sostuvo que Teherán buscaba desarrollar armamento nuclear de forma encubierta, lo que según explicó precipitó la ofensiva tras el fracaso de negociaciones en Ginebra.
El mandatario aseguró que la campaña avanza “más rápido de lo previsto” y afirmó que los ataques habrían eliminado a decenas de altos dirigentes iraníes, incluido el líder supremo Ali Khamenei.
Además, se mostró dispuesto a escalar la intervención si fuera necesario, aunque restó importancia a encuestas que reflejan bajo respaldo interno a la guerra.
Desde el Pentágono, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el general Dan Caine indicaron que Estados Unidos ha logrado “superioridad aérea local” y que la fase más intensa del conflicto podría extenderse entre cuatro y seis semanas.
Subrayaron que la estrategia busca evitar escenarios prolongados como los de Irak o Afganistán.
En paralelo, la escalada ha generado fuertes repercusiones regionales y económicas. Autoridades iraníes reportan cientos de fallecidos, mientras que en Israel se registran víctimas por ataques con misiles.
Instalaciones energéticas en el Golfo también han sido impactadas, provocando alzas en los precios del gas.
Desde Teherán, el secretario de Seguridad Nacional, Alí Larijani, descartó negociaciones inmediatas y advirtió que el país está preparado para un conflicto prolongado, en medio de crecientes tensiones diplomáticas internacionales.