La histórica clasificación de Haití al Mundial 2026 brindó un respiro emocional a millones de haitianos dentro y fuera del país, en medio de la grave crisis social, política y de violencia que atraviesa la nación.
El triunfo 2-0 frente a Nicaragua marcó la segunda vez que Haití logra un boleto mundialista, algo que muchos comparan con la celebración de 1974, aunque ahora en un contexto de extrema inseguridad y desplazamientos masivos.
Para la diáspora haitiana, que supera el millón solo en Estados Unidos, el logro representa un símbolo de identidad y esperanza. Muchos jugadores nacieron o se formaron fuera de Haití, reflejando una selección que ha debido adaptarse a la violencia que impide jugar en su propio estadio, tomado por grupos armados desde 2021.
Aun así, la conexión emocional se mantiene fuerte, como expresaron aficionados que celebraron desde Curazao hasta México.
Dentro del país, incluso zonas afectadas por el control de pandillas vivieron horas de júbilo. Residentes describieron las celebraciones como un “carnaval” improvisado, un momento poco común de unidad nacional pese a que la violencia sigue extendiéndose más allá de Puerto Príncipe.
Líderes internacionales, figuras públicas y hasta miembros del Consejo Presidencial de Transición enviaron felicitaciones, reconociendo el peso simbólico de la victoria.
Aunque Haití, ubicado en el puesto 84 del ranking mundial, enfrentará un camino difícil en la Copa del Mundo, muchos aficionados afirman que solo ver la bandera haitiana en el escenario global ya es motivo de orgullo.
Para ellos, la clasificación no soluciona los problemas profundos del país, pero sí representa un rayo de esperanza capaz de unir a una nación marcada por el dolor.