
El ejército de Nepal retomó este miércoles el control de Katmandú tras dos días de los disturbios más violentos en dos décadas, que resultaron en 19 muertos, cientos de heridos y la renuncia del primer ministro. Las fuerzas militares vigilan el estricto toque de queda para reimponer la calma, mientras escuelas y comercios permanecen cerrados.
La crisis estalló cuando la policía reprimió protestas contra la corrupción y el bloqueo gubernamental a redes sociales, lo que desencadenó que manifestantes saquearan edificios públicos e incendiaran el parlamento.
El caos permitió que más de 13.500 detenidos escaparan de cárceles, agravando la emergencia. El ejército anunció la detención de 27 personas y el comando de 23 armas de fuego en la capital.