La final de baloncesto entre los Knicks y los Spurs derivó en un escenario de alta tensión en las afueras del Madison Square Garden, donde grupos de aficionados radicales del equipo local se enfrentaron abiertamente a los agentes de la policía de Nueva York.
Los disturbios, que incluyeron persecuciones y agresiones a seguidores del equipo visitante, obligaron a la NYPD a desplegar un operativo de contención para evitar que la situación escalara a niveles aún más graves.
Pese a las advertencias previas sobre posibles actos violentos durante la serie definitiva, los enfrentamientos con las autoridades se produjeron con una intensidad que sorprendió incluso a los analistas más pesimistas.